Fe de travas

Cuando está trabajando y alguien le dice que es fea y un puto frustrado, entonces, tiene que retomar lo que venía haciendo, la letra h es muda en la página blanca y ella es una h. Una h, que no se despide de una palabra ni de una frase ni de nada, sino que se arraiga, hecha sus raíces ahí donde la pusieron. Ya ha visto cómo protagoniza el cambio junto con ciertas otras letras, pero dónde está su propia voz, su propio aire impoluto, sin que, al final, a las cuerdas en la garganta no les urja un pare en seco y a la manuscrita una larga pero silenciosa fe de erratas.

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